Domingo XV, b: Llamados y enviados a servir, sanar, liberar,…

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El llamado de Dios para el servicio de su Reino resume el mensaje de las lecturas de hoy. El Señor Dios sigue llamando. Hoy las lecturas de la palabra de Dios nos invita a profundizar en esta convicción: Dios nos ha elegido para vivir plenamente. Llama a cada uno de nosotros estando en los quehaceres de cada día. Desde hace mucho tiempo Él tiene un plan misericordioso, el de establecernos como pueblo suyo. Quiere hacer de nosotros una familia cuya cabeza es Cristo.
En la primera lectura el profeta Amos nos cuenta cómo Dios lo sorprende llamándole a ir a profetizar. Se pregunta, ¿Cómo iré a anunciar el reino de Dios si yo “no soy profeta, ni hijo de profetas, sino pastor y cultivador de sicómoros?” (Am 7, 12-15). Pero, termina reconociendo que es el Señor quien lo ha llamado sacándole detrás del rebaño” (id.)
En cada llamado, Dios es quien se toma la delantera. Toma la iniciativa. Es así como vemos a Jesús llamando a los apóstoles y los envía para vayan y anuncien la Buena Noticia de la salvación. Les da unas cuantas indicaciones porque sabe que no es fácil ser su seguidor. Les da el poder de sanar, de consolar. No tienen que sobrecargarse ni de cosas ni de dinero: “Y los ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni provisiones, ni dinero; que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas” (Mc 6, 7-13). Sólo les basta confiar en Dios y contar con la generosidad de los pueblos hacia los cuales son enviados. Tienen la misión de exhortar a la conversión, de expulsar a los demonios y de sanar a los enfermos… (Id.)
Y, a nosotros hoy, ¿a qué nos llama Jesús? ¿Somos dóciles a sus indicaciones? Somos los “discípulos y misioneros de hoy, cada uno en su condición, en su categoría, ¿cómo cumplimos esto de ser signo del Reino en medio de la familia, en el lugar de trabajo, en el barrio, en la escuela, en los estadios, en el transporte público? ¿Cómo atendemos a los enfermos y a los pobres? ¿Nos preocupamos de ellos? ¿Los visitamos para aliviar su pena?
Con San Pablo, en la segunda lectura, digamos: “Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo cono toda clase de bienes espirituales en el cielo, y nos ha elegido en Él antes la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor” (Ef.1, 3ss).
Si Dios nos ha elegido y nos ha salvados por Cristo, pongamos nuestra esperanza en El y vivamos haciendo productivas las cualidades que nos ha regalado. Porque: “El mismo Señor nos dará sus bienes y nuestra tierra producirá sus frutos” (Salmo 84, 14) Que en Él encontremos la fortaleza en los momentos difíciles y que nos alegremos en Él cuando nos va bien. Démosle honor y gloria porque vive y reina por los siglos de los siglos. Amen

P. Bolivar Paluku Lukenzano, aa.