Domingo XXII, C: ¡Elijamos ser humildes y ayudemos sin esperar nada a cambio!

57

En este domingo XXIIc, la Palabra de Dios nos llama a vivir la humildad y hacer el bien sin esperar nada a cambio. ¿Qué desafío, no? Jesús nos enseña que la sabiduría auténtica pasa por la sencillez y la gratuidad en la generosidad. Saber elegir el último lugar es ser humilde incluso cuando tenemos mérito y dejar preferencia, primero, a otros tan sólo por amor…
Jesús siempre fue libre de indicar su nuevo modo de relacionarse con los hombres y de tratar a las personas: sin exclusión alguna y con el corazón dispuesto a dar sin pensar tanto en recibir pago… Es la sabiduría que, valiéndose de pequeñas actitudes, traduce la gran misericordia de Dios.-
El Eclesiastés 3, 17-18.20, 28-29 anticipaba ya esta enseñanza de la modestia y humildad como regla de oro: “Hijo mío, realiza tus obras con modestia y serás amado por los que agradan a Dios…” (Eclo 3, 17). He aquí una invitación a la humildad como actitud que atrae las bendiciones de Dios sobre nosotros, mientras que el orgullo y la vanagloria alejan de Dios y de los hermanos.
Lejos de anularse por ser modesto, el corazón humilde sabe buscar agradar ante todo a Dios y agradecerle de los dones recibidos; asimismo, sabe reconocerse limitado y consciente de la posibilidad de superarse y dispuesto a dejarse ayudar, dejarse acompañar.
Jesús, Hijo de Dios nos mostró este camino: “siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando la condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo que Dios lo exaltó y le otorgó l Nombre, que está sobre todo nombre…” (Filipenses 2, 6). ¡Desde esta experiencia de abajamiento, Jesús nos levantó de nuestra miseria del pecado y nos ha devuelto la dignidad de hijos/as de Dios!
De allí, cuando Jesús es invitado a la fiesta en casa de fariseo enseña que lo mejor no es pelear por los primeros puestos: “no te coloques en el primer lugar” (Lc 14, 8)… “Ve a colocarte en último sitio. Porque el que se humilla será elevado y el que se eleva será elevado” (Lc 14,10-11).
Aprendemos a aspirar al último lugar del servidor y sí en algo tuviéramos que competir que sea en servir los unos a los otros.
En esto, Jesús nos ha dado el ejemplo con su vida misma. Se entregó por nuestra salvación. Sólo debemos imitarlo o tratar de asemejarnos a él en el hogar, en el barrio, el trabajo, en la escuela, en el transporte… No se trata sólo de reglas de buena convivencia, sino de vivir entregado a los demás sin competir. El desinterés y la gratuidad en el trato con los demás debe motivar nuestras acciones y decisiones: “cuando dé un banquete invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos. ¡Feliz de ti porque ellos no tienen con qué retribuirte, y a así tendrás tu
recompensa en la resurrección de los justos”(Lc 14, 14).
¡Quiera Dios que vivamos libres de pretensiones vanidosas y que seamos sencillos y sepamos compartir, entregar, ayudar sin esperar nada a cambio! ¡Que sepamos hacer el bien nada más que por el bien! 

 

P. Bolivar Paluku Lukenzano, aa.