NUESTRA SEÑORA DE LOURDES: 11/02 LA ALEGRÍA DE IR A JESÚS POR MARÍA

61

(Isaías 66. 10-14c – Juan 2. 1-11)

Mis queridos hermanos y hermanas: ¡Ave! Respondemos: AVE MARÍA. Estamos en fiesta, no solo aquí en Lourdes, sino en toda nuestra familia la Iglesia. Tenemos la inmensa alegría de glorificar a Dios por habernos regalado a la Virgen María como nuestra Madre. Nos alegramos porque gracias a María Santísima Dios ha querido hacerse muy familiar a nosotros en la presencia de Jesucristo, nuestro Salvador. Cristo, Salvador ha manifestado desde hace ya muchos años su poder sanador y liberador; y, en la gruta de Lourdes, desde que la pequeña Bernardita tuvo la dicha de recibir las apariciones de nuestra Mamá del cielo, en 1858. Con justa razón san Juan Pablo II quiso, desde 1982, que esta fiesta de la Virgen fuera dedicada a la oración por los enfermos. Por eso, con nuestras limitaciones y nuestros achaques, con nuestro vigor y nuestra buena salud; con la realidad familiar que cada uno vive hoy, aquí estamos a los pies de nuestra Madre para alabar a Dios.  Estar aquí es motivo de alegría.

Por lo mismo, la alegría debe caracterizar este encuentro. La primera lectura del Profeta Isaías nos lo dice: «Alégrense con Jerusalén, llénense de gozo con ella los que la aman, únanse a su alegría los que han llorado con ella” (Is 66, 10). Según lo que estemos viviendo algunos dirán: ¿habrá motivo para alegrarse con todo lo que me pasa, con lo que pasa en el mundo, con la triste realidad de injusticia y de desigualdad que parece nunca terminar?  Y, sí, siempre hay motivo para estar alegre. Y, hoy más que nunca porque se siente realmente la presencia de Dios, porque por María, nuestra Madre de Lourdes, Dios quiere seguir liberando, quiere seguir sanando… Por medio de María, Jesús hace siempre milagros y seguirá haciéndolos como en Caná de Galilea.  

En efecto, María nuestra Buena Madre no puede soportar que nos falte lo necesario para estar en paz. Se urge para interceder e implorar a su Hijo Jesús. Dice como en aquella fiesta: “Les falta vino”; les falta salud, les falta paz en el corazón, les falta unidad, les falta diálogo, les falta esperanza, les falta alegría… 

Claro que sí, al ver que ya se terminaba la bebida en las bodas de Caná se acercó a Jesús le dijo: “Ya no tienen vino!” (Jn 2, 3). Fue ella la primera en darse cuenta del apuro que tenía aquella familia. Estaba presente, experimentando con ellos la alegría de festejar; también con ellos sintió María la escasez de la alegría en la fiesta. ¿Quién como María Santísima conoce de nuestra vida? ¿Quién como ella se adelanta a lo que necesitamos cada día en salud, en el trabajo, en la familia, en la comunidad? 

¡Cómo no alegrarnos si contamos con la mejor y gran intercesora, nuestra Madre, la Virgen María! Cierto que es mejor seguir su consejo: “Hagan lo que Él les diga” (Jn 2, 5). En el trato con los demás ¿hacemos realmente lo que Dios nos dice? ¿Qué me dice hoy Jesús en mi familia, mi trabajo, mi barrio, en mi país? En la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes alabamos a Dios, nuestro Padre por habernos manifestado el poder de Jesús por la intercesión de María. ¡Aprendamos de la joven y pobre Bernardita, que supo escucharla para fortalecer la fe de los que sufren y la confianza de todos en la cercanía de Dios quien cumple voluntad en María! /Cantemos: AVE AVE AVE MARIA, AVE AVE AVE MARIA…  

P. Bolivar PALUKU LUKENZANO, aa.