Mensaje con motivo del Dies natalis del Padre Manuel d’Alzon

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Queridos hermanos, hermanas y amigos,
Es bueno recordar nuestra historia, pero es aún más necesario recordar el lugar que Emmanuel d’Alzon ocupa en nuestros corazones y acciones, para todos nosotros, religiosos, religiosas y laicos de la Asunción.
El Padre d’Alzon murió el 21 de noviembre de 1880 después de haber vivido plenamente su pasión por el Reino. El fundador de los Agustinos de la Asunción y de las Oblatas tenía una fuerte voluntad que puso al servicio del Evangelio. Su vida estuvo marcada por acontecimientos a menudo difíciles: un pobre reclutamiento vocacional, religiosos muy solicitados, dificultades económicas recurrentes, etc. A pesar de todo, nunca desesperó en la misericordia de Dios. Mientras nos preparamos para el 34o Capítulo General, me parece interesante escuchar lo que dijo Manuel d’Alzon en 1868 con motivo del 6o capítulo de nuestra congregación.
“Los religiosos de la Asunción buscarán con todas sus fuerzas resucitar el espíritu católico. (…) sin demasiada añoranza por las ruinas del pasado, sin demasiado desprecio por los hechos del presente, sin demasiado entusiamo por el porvenir que se prepara pero que será quizá fuente de crueles decepciones, se mantendrán por encima de las agitaciones…”.
Los tiempos en los que vivimos no son menos turbulentos y problemáticos que los de nuestro querido fundador. En un momento de crisis sin precedentes en la Iglesia, debemos proclamar con fuerza y claridad que amamos a nuestra madre a pesar de sus pecados y debilidades y que queremos contribuir a su renovación. Esta será nuestra manera de honrar la memoria del Padre d’Alzon. En un momento en que el mundo está atravesando numerosos conflictos armados y que la pobreza se extiende peligrosamente, es bueno contribuir a un nuevo orden mundial cuidando nuestra tierra y desarrollando la fraternidad. Frente a la primacía de la economía, queremos mostrar el valor del compartir y de la solidaridad.
“El Reino de Dios está cerca (Mc 1,15). Vivir y anunciar la esperanza del Evangelio será el tema del próximo Capítulo General. Estamos convencidos de que la Asunción tiene un papel que desempeñar para hacer del mundo un lugar mejor. Nuestra esperanza proviene de nuestra fe en Jesucristo; la misma fe que animaba a Manuel d’Alzon.
Resucitar el espíritu católico en el mundo es una noble misión a la que podemos consagrarnos en cuerpo y alma. Se trata de trabajar por la fraternidad, la paz y la justicia. Nosotros Somos hombres de fe y de comunión, solidarios con los pobres y los pequeños. El Padre Manuel d’Alzon nos inculcó su celo por la Iglesia. Que, allí donde estemos, actuemos para que el “espíritu católico” sea una luz que renueve el mundo.
Les deseo una hermosa conmemoración del dies natalis de nuestro bien amado fundador.

Padre Benoît GRIÈRE a.a
Superior general