Iniciamos nuestra vida comunitaria celebrando el capítulo local como una instancia solemne, teniendo a Cristo como centro de nuestra vida; en este espacio vivimos y experimentamos nuestra corresponsabilidad y afirmamos el carácter sinodal de nuestro apostolado. “Nuestra vida religiosa apostólica se realiza a partir de la comunidad local. Todos los religiosos son responsables del buen funcionamiento de la comunidad” (RV N° 67). La invitación es que nuestro Capítulo sea más que una planificación de tareas. Que sea un encuentro de reafirmación de nuestro anhelo de seguir respondiendo al llamado de Dios, una oportunidad para apoyarnos, un momento favorable para abrirnos al Espíritu Santo y a los hermanos con la disposición de “caminar juntos”, fortalecer juntos la confianza de ser testigos del Reino de Dios. Realizamos el Capítulo en fidelidad al n°69 de la RV que dice: “Por lo menos una vez al año, la comunidad entera celebra Capitulo local convocado y presidido por el Superior. La comunidad reflexiona sobre su acción y su vida. Hace el balance de ellas, traza su programa comunitario y fija la periodicidad de sus reuniones”.
Dejémonos tocar por la misericordia de Dios que sana las heridas y nos llama a perdonarnos mutuamente, nos interpela a integrar nuestras diferencias como una ganancia. Tal como los dedos de la mano no son iguales, sin embargo, forman un todo, así también nosotros desde nuestros talentos diferentes, sintámonos parte una misma comunidad y cuidémonos entre todos: “Nos aceptamos diferentes porque Aquel que nos une es más fuerte que lo que nos separa” (RV8).
Tal como los dedos de la mano son tan diferentes, sin embargo, forman en su complementariedad un conjunto armonioso, así también nosotros desde nuestros talentos diferentes, sintámonos parte de una misma comunidad y cuidémonos entre todos. Pertenecemos a un mismo cuerpo cuya salud depende de cada uno de nosotros. San Pablo nos lo recuerda: “por muchas que sean las partes, todas forman un solo cuerpo”. Propongo leer juntos 1Corintios 12, 12-27.
Lo primero que necesitamos es agradecer a Dios por su presencia en nuestra vida, por sus sorpresas milagrosas en nuestro caminar diario y porque él cuenta con nosotros.
Demos gracias a Dios por el don de la vocación de cada uno de nosotros. Mantengamos viva la llama del amor fraterno. Aunque muchas son las trampas que amenazan nuestra consagración religiosa como son el egoísmo, la lucha de poder, el relativismo, la superficialidad en las relaciones fraternas; no nos cansemos de anunciar la esperanza en un mañana mejor para nuestro estilo de vida asuncionista. No olvidemos que la vida es hoy; la vida es ahora gracias a un ayer donde hemos aprendido a levantarnos de tantas caídas, a veces sin saber cómo, porque Dios ha estado obrando en nuestra historia.
En la línea de la CLAR para 2025-2028, está la invitación a “Nacer de nuevo” y a ir al Encuentro de Jesús como lo hizo Nicodemo en plena noche. “Estamos llamados a la transformación…Que, en medio de las insatisfacciones y noches oscuras, vislumbremos los signos de Vida más allá de lo incierto y de tantas ofertas de salvación caducas que huelen a muerte” (Horizonte inspirador de la CLAR 2025-2028).
Lo anterior nos invita a estremecernos de esas maravillas que Dios obra cada día en nuestra comunidad, en nuestra Iglesia y en nuestro mundo de hoy. Se trata de no bajar los brazos incluso cuando las cosas parecen no tener un rumbo claro. Es confiar en la Providencia de Dios. Es creer que con Dios todo va a salir bien porque es capaz de irrumpir en nuestra historia y de cambiar su rumbo “para nuestro bien porque nos ama sin límite.
Recordemos una vez más que:
“La vida fraterna se nos da a construir día tras día. Acogida como un don de Dios exige a cada religioso una conversión diaria que afianza su propia fidelidad y la de sus hermanos. Nuestro amor a Dios y a los hombres se prueba y se manifiesta en la verdad de nuestras relaciones. A nadie le será dado saborear la alegría de esta vida sin que comprometa en ella toda su persona” (RV n°7).
Desde lo más profundo de nuestro corazón compartamos a la luz de estas preguntas:
- ¿Qué conversión (cambio) debo emprender este año comunitario?
- ¿Qué maravillas agradezco hoy junto a mi comunidad?
- ¿En qué me sostengo cuando todo parece desmoronarse?
- ¿Qué estoy dispuesto a aportar para el bien de mi comunidad?
Desde ya, muchas gracias, queridos hermanos por su presencia en esta comunidad, en esta Provincia, en nuestra Congregación de los Agustinos de la Asunción.
Les deseo un bendecido año comunitario lleno de vivencias fraternas afirmadas en Jesucristo y marcado por la alegría en el servicio apostólico.
¡Muchas gracias a cada uno por existir y por ser parte del proyecto del anuncio del Reino de Dios! ¡Que nuestra Señora de Lourdes interceda por todos nosotros!
P. Bolivar Paluku Lukenzano, a.a
Superior Provincial
Santiago de Chile, 5 de marzo del 2026.






