SAGRADA FAMILIA, B: ¡Bendice Señor nuestras Familias!

144

La fiesta de la Sagrada familia de  Jesús, María y José que celebramos hoy es una oportunidad de valorar una vez más nuestras propias familias, ¡cualquiera sea su situación! Dios cuando se nos acerca, cuando irrumpe en  nuestra historia, siempre lo hace desde un ámbito comunitario. Por  lo mismo, se encarna tomando parte de una familia y de una tradición humana…y en este caso de una familia de José, un simple carpintero, descendiente de David.

De este mismo modo, él se elige un pueblo al que él mismo promete bendiciones. La vocación de Abrahán  por parte de Dios, está ya relacionada con  esta constitución de un pueblo, de una familia de Dios

 

La primera lectura del Eclesiástico (3,2-6.12-14) nos recuerda lo importante que es el respeto por padre y madre:” Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre su prole. El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha”.

De la segunda lectura (Colosenses 3, 12-21) San Pablo nos exhorta a sobrellevarnos mutuamente y a perdonarnos cuando alguno tenga quejas contra otro y a dar gracias de todo corazón…

El evangelio según san Lucas (2, 22-40) nos presenta la Sagrada familia cumpliendo con un ritual de la tradición  de la familia en  la que Jesús se encarnó. Es importante notar que para Dios,  la familia tiene un lugar central en  la realización  de su plan  de salvación. Que la sagrada familia realice lo prescrito en la ley, es signo de que Dios se sirve de nuestras organizaciones humanas, sociales para regalarnos la felicidad que esperamos de él. Dios nos toma en serio.

 

En su familia, Jesús es un niño de sorpresa; Simeón-  un abuelo fiel a la tradición de su pueblo- recuerda a María que Jesús es un niño particular: Jesús es la luz que ilumina a las naciones. Y, a la vez, es ese niño que será causa de caída y de elevación  para muchos en Israel…”. María santísima guarda todo en  su corazóndispuesta a entregar su sacrificio de madre al acompañamiento del Hijo de Dios hasta el final de su vida. Hoy, cuando se desdibuja el valor de la familia, debemos aprender de la sagrada familia, no solo su unión sino también el cariño, la fidelidad y el respeto de los vínculos que nos une tan  solo por amor.

¡Que Jesús, María y José sean  para nosotros la fortaleza y el ejemplo de participar de la vida de Dios en nuestras familias!También, ¡que el ejemplo de José y María nos sirva para alzar la lealtad y la confianza en nuestros familiares por encima de los intereses egoístas!

P. Bolivar PALUKU LUKENZANO, aa