Domingo XXII, C: ¡Elegir ser humilde y ayudar de manera desinteresada! 

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Si el domingo pasado, Jesús nos invitó a preferir la puerta estrecha, en este domingo XXIIc, nos llama a vivir la humildad y hacer el bien sin esperar nada a cambio.  ¿Qué desafío, no?  Jesús nos enseña que la sabiduría auténtica pasa por la sencillez y la gratuidad en la generosidad. Saber elegir el último lugar es ser humilde incluso cuando tenemos mérito y dejar preferencias, primero, a otros tan sólo por amor… 

Jesús siempre fue libre al indicar su nuevo modo de relacionarse con los hombres y de tratar a las personas: sin exclusión alguna y con el corazón dispuesto a dar sin pensar tanto en recibir pago… Es la sabiduría que, valiéndose de pequeñas actitudes, traduce la gran misericordia de Dios. –  

El Eclesiastés 3, 17-18.20,  28-29 anticipaba ya esta enseñanza de la modestia y humildad como regla de oro: “Hijo mío, realiza tus obras con modestia y serás amado por los que agradan  a Dios…” (Eclo 3, 17).  He aquí una invitación  a la humildad como actitud que atrae las bendiciones de Dios sobre nosotros,  mientras que el orgullo y la vanagloria alejan  de Dios y de los hermanos. Lejos de anularse por ser modesto, el corazón humilde sabe buscar agradar ante todo a Dios y agradecerle por los dones recibidos; asimismo sabe reconocerse limitado y consciente de la posibilidad de superarse y dispuesto a dejarse ayudar, dejarse acompañar. 

Jesús,  Hijo de Dios nos mostró este camino: “siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo  tomando la condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo que Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre…” (Filipenses 2, 6). ¡Desde esta experiencia de abajamiento, Jesús nos levantó de nuestra miseria del pecado y nos ha devuelto la dignidad de hijos/as de Dios!

De allí que, cuando Jesús es invitado a la fiesta en casa de fariseo enseña que lo mejor no es pelear por los primeros puestos: “no te coloques en el primer lugar” (Lc 14, 8) … “Ve a colocarte en último sitio. Porque el que se humilla será elevado y el que se eleva será elevado” (Lc 14,10-11). Aprendemos a aspirar al último lugar del servidor y sí en algo tuviéramos que competir que sea en servir los unos a los otros. 

En esto,  Jesús nos ha dado el ejemplo con su vida misma. Se entregó por nuestra salvación.  Sólo debemos imitarlo o tratar de asemejarnos a él en nuestras relaciones con los demás en el hogar, en  el barrio,  el trabajo, en la escuela, en el transporte… No se trata sólo de reglas de buena convivencia,  sino de vivir entregado a los demás sin  competir.  El desinterés en las relaciones con los demás debe motivar nuestras acciones y decisiones: “cuando de un banquete invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos. ¡Feliz de ti porque ellos no tienen con qué retribuirte, y a así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!” (Lc 14, 14). 

¡Quiera Dios que vivamos libres de pretensiones vanidosas y que seamos sencillos y sepamos compartir, entregar, ayudar sin  esperar nada a cambio! ¡Que sepamos hacer el bien por el bien! 

P. Bolivar Paluku Lukenzano, aa.