Entrevista P. Julio Navarro, A.A.

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A sus 77 años de vida, el Padre Julio Navarro, Agustino de la Asunción ha sido testigo y protagonista de los diversos cambios que ha experimentado la Iglesia en los últimos años. Desde la aplicación del Concilio Vaticano II, pasando por Medellín y Puebla, hasta hoy, con los diversos desafíos que la Iglesia -particularmente la chilena- tiene con el mundo, el peregrinar del Padre Julio ha estado marcado por una constante colaboración con la vida religiosa, particularmente con su formación.

Comunicaciones CONFERRE

El Padre Julio Navarro, realizó su primera Profesión de vida religiosa el 10 de marzo de 1959, en la Congregación de los Agustinos de la Asunción o Religiosos Asuncionistas. Posteriormente en 10 de agosto de 1966 fue ordenado sacerdote y desde allí ha comenzado su historia de religioso que lo ha llevado a estudiar en Roma y en Lovaina, Bélgica y también lo ha llevado a servir como docente en el, por esos años, recién formado Seminario Pontificio Mayor de Santiago, en la Universidad Católica de Chile y en la Universidad Católica de Valparaíso y en el Centro de Estudios de Conferre, CEC, del cual fue uno de sus fundadores.

Siendo Provincial de su congregación, en 1975, y estando en Roma formándose como tal, fue nombrado Presidente de Conferre, en un contexto político y social complejo en el país. Desde allí, el foco de la vida religiosa estuvo en una opción por los pobres, por los que sufrían, por las víctimas de violaciones a los derechos humanos, pero también por la formación de nuevos religiosos y religiosas.

En una época marcada por los nuevos aires del concilio y de las conferencias latinoamericanas, la Vida Religiosa experimento un auge de vocaciones de la que hubo que hacerse cargo.

Hoy, haciendo memoria agradecida, el P. Julio Navarro, revisa cómo ha peregrinado la Vida Consagrada durante este tiempo, cuáles fueron sus principales clamores y esperanzas y cómo se encuentra hoy. «Hay que descubrir nuevos lenguajes y nuevas maneras de llegar a los jóvenes hoy, con el testimonio que pueda hablar por sí mismos», indica.

¿Cómo era la Vida Consagrada en el momento en que asumió como Presidente de CONFERRE (1975-1981)?

En 1975, la Conferencia de Religiosos de Chile (CONFERRE) agrupaba a unas 250 Congregaciones (unas 50 de religiosos y unas 200 de religiosas), que representaban a unos ocho mil consagrados en la vida religiosa.

Estábamos en los primeros tiempos de la Dictadura Militar, con todo lo que eso significaba de represión, persecución, tortura, desaparición de personas, expulsiones del país. CONFERRE, como institución, hacía parte oficialmente de la Vicaría de la Solidaridad. Muchas veces le tocó a la Directiva de la Conferencia de Religiosos hacer declaraciones en favor de la justicia y de la defensa de los derechos humanos. Y muchos religiosos y religiosas estuvieron fuertemente comprometidos de diversas maneras para dar refugio o salvar vidas.

Por entonces se reflexionaba lo dicho en el documento de la IIª Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Medellín, 1968) y se buscaba cómo aplicar las recomendaciones allí señaladas. Medellín fue una gran toma de conciencia acerca de la realidad de pobreza y de marginación que se vivía en todo el continente, resultado de una injusticia social institucionalizada. Medellín invitaba a toda la Iglesia y a la vida religiosa a un compromiso efectivo con los más pobres y a luchar por la justicia y la promoción humana. Evangelización y promoción humana tienen que ir de la mano, se decía, con palabras del Papa Pablo VI.

¿Qué influencia tuvo esto en la Vida Religiosa?

La vida religiosa empieza a vivir lo que se llamó “el éxodo” hacia los más pobres. Gran número de religiosos y de religiosas dejan los grandes conventos tradicionales para ir a vivir en las “poblaciones” marginales, en comunidades pequeñas de cuatro o cinco personas, en casas del barrio, llevando una vida sencilla y austera, cercana a la gente, insertándose en las Comunidades Eclesiales de Base. Este proceso no fue fácil, se vivió con rupturas dolorosas y hasta con divisiones al interior de las comunidades y de las Provincias.

Al mismo tiempo, se prepara con entusiasmo y mucha participación de las bases la IIIª Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Puebla, 1979), que pondrá el acento en la “opción preferencial por los pobres”. Otra línea fuerza para la vida religiosa será la inserción en la vida y en la pastoral de las Iglesias locales. Es decir, se produce un llamado a no quedarnos al servicio únicamente de “nuestras obras”, nuestro colegio, nuestra parroquia, sino a sentirnos parte “afectiva y efectivamente” de la Iglesia local en la que nos toca vivir y a comprometernos con su pastoral, sus orientaciones y sus instituciones. 

«En situaciones de crisis, un mensaje de esperanza es muy importante. Lo que vive la Iglesia y la vida religiosa actualmente en Chile hay que interpretarlo como un llamado de Dios a la purificación y a la conversión. Se trata de sanar las heridas, aunque el tratamiento sea doloroso. Y se trata de volver a lo esencial de las exigencias evangélicas y de la misión encomendada por el Señor».

Fue un tiempo de nuevos aires e importantes cambios para la vida de Iglesia…

Claro, no olvidemos que la interiorización y aplicación del Concilio Vaticano IIº era una tarea presente, y yo diría urgente, durante estos años. Nuestros libros de Regla, nuestras costumbres, nuestras opciones pastorales están en revisión, “en aggiornamento”. Se produce en estos años una gran necesidad de formación, de actualización de la teología de la vida religiosa, de formación de formadores, etc. El CELAM, la CLAR, las Conferencias de Religiosos ofrecen gran cantidad de cursos y de encuentros. Surgen equipos de teólogos y de pastoralistas que reflexionan y escriben y animan Seminarios y cursos. Fue así como surgió también el Centro de Estudios de CONFERRE, con programas para postulantes, novicias y novicios, junioras y juniores, formadores, pastoral vocacional, pastoral juvenil, etc.

Vida Religiosa Joven

¿Qué pasaba con vida religiosa joven en esa época?

En esta época se produce un gran florecimiento de vocaciones. El Centro de Estudios de CONFERRE contaba con más de 300 novicias y con unos 250 aspirantes y postulantes, mujeres y varones.

Un número importante, si vemos la realidad de hoy¿cuál sería la razón?

Pienso que este despertar de vocaciones se debió a una nueva imagen de Iglesia, más comprometida con los problemas de los hombres y mujeres, jóvenes y ancianos de su tiempo. Una Iglesia más al servicio de las necesidades concretas de los pobres y marginados. Una Iglesia más profética, defensora de los derechos humanos, de la dignidad de las personas, que denunciaba las injusticias, que se mostraba solidaria realmente de los más necesitados. La Iglesia se convierte en “la voz de los sin voz”. Podemos decir que en Chile es toda la Iglesia la que muestra un rostro que entusiasma, con buenos Pastores cercanos a la gente y al servicio de una sociedad más fraterna, más justa, más impregnada de los valores del Evangelio. La vida religiosa participa de este mismo impulso evangelizador y de este dinamismo profético.

Y eso era del interés de la juventud…

Los jóvenes sueñan con cambios profundos y rápidos en nuestra sociedad y en nuestra Iglesia. Les atrae el compromiso social. No les entusiasma entregarse a las obras tradicionales de la vida religiosa (colegios, parroquias, hospitales). Les gusta vivir experiencias de misión, con otros jóvenes, con laicos, en lugares apartados donde la Iglesia no está presente. Les cuesta responder a las exigencias del estudio y a la disciplina de la oración.

Vida Religiosa Hoy

Con toda su experiencia, ¿cómo se ha desarrollado la Vida Religiosa, hasta hoy?

La Vida Religiosa ha ido perdiendo su dinamismo y se la ve cada vez más envejecida. No hay vocaciones nuevas o son muy pocas. Creo que se suman varios factores a la vez que explican esta situación.

¿Como cuáles, por ejemplo?

La sociedad misma ha ido cambiando a un ritmo acelerado. Se habla de individualismo, de pérdida de ideales, de miedo al compromiso permanente. Los jóvenes buscan una vida fácil y cómoda o una realización personal sin esfuerzo. Prolongan la dependencia de los padres por largos años.

¿Y eso ha impregnado a la Vida Religiosa?

Muchos religiosos y religiosas jóvenes se retiran de la Vida Religiosa aduciendo falta de motivaciones o pérdida de entusiasmo. Al poco tiempo después de la profesión perpetua o a los pocos años de ordenados sacerdotes buscan otros caminos en la vida. Pareciera que desaparecen los ideales de entrega, de servicio, de opción por los pobres, de espíritu misionero, de vida fraterna, de compromiso con la Iglesia y con la familia religiosa a la que pertenecen.

«Necesitamos nuevos líderes en la Iglesia, nuevos profetas como hubo en el tiempo del Concilio, de Medellín, de Puebla. Necesitamos pastores y religiosos sacerdotes, religiosas, educadores, laicos comprometidos que vayan a esas fronteras de las que habla el Papa hoy».

Crisis

Lo anterior, ¿explicaría, en parte, lo que vive hoy nuestra Iglesia?

Esta situación se agrava actualmente con los escándalos en la Iglesia y en la vida religiosa de abusos sexuales o de poder y de conciencia. Mucha gente ha perdido credibilidad en las instituciones eclesiales. Los y las jóvenes no se interesan por la vida de la Iglesia o se alejan totalmente de ella.

En esa línea, ¿cuáles podrían ser las esperanzas o caminos de mejora?

Lo primero hay que mirar el presente con esperanza, porque también ha habido otras épocas de la Iglesia en que se han vivido conflictos y se han superado. A ello, debemos agregar la fe en que el Espíritu Santo actúa en la Iglesia, que es la Iglesia de Jesucristo, entonces hay que siempre predicar y reafirmar esa esperanza en la Iglesia. Pero lo segundo, es que necesitamos nuevos líderes en la Iglesia, nuevos profetas como hubo en el tiempo del Concilio, de Medellín, de Puebla. Necesitamos pastores y religiosos sacerdotes, religiosas, educadores, laicos comprometidos que vayan a esas fronteras de las que habla el Papa hoy. Hacia esos nuevos rostros sufrientes, como los inmigrantes. Todo eso da esperanza de que la iglesia tiene nuevos desafíos y tiene que responder a través de nuevos líderes o nuevas opciones pastorales que son para el mundo de hoy.

¿Cómo hacerlo?

Hay que dejar pasar un tiempo de purificación, de conversión. Por otro lado, tenemos que descubrir nuevos lenguajes, nuevas maneras de llegar a los jóvenes. Testimonios vivos que puedan hablar por si mismos. Los hay en la Iglesia, pero tendríamos que tener esos testimonios más cercanos en nuestra iglesia de Chile. El Papa Francisco lo subraya, hay que encontrar esos testigos del evangelio que humildemente están trabajando por ahí y son esos los que van a levantar nuevas inquietudes, nuevos desafíos, nuevos compromisos en la Iglesia.

«Hay una vocación de comunión que CONFERRE en todos los tiempos tendrá que tener presente. No ser una institución de escritorio, sino que crea lazos de fraternidad, de comunión, de conocer los diversos carismas en la Iglesia».

Futuro

¿Cuál sería su mensaje para el futuro y las nuevas generaciones?

En situaciones de crisis, un mensaje de esperanza es muy importante. Lo que vive la Iglesia y la vida religiosa actualmente en Chile hay que interpretarlo como un llamado de Dios a la purificación y a la conversión. Se trata de sanar las heridas, aunque el tratamiento sea doloroso. Y se trata de volver a lo esencial de las exigencias evangélicas y de la misión encomendada por el Señor. Necesitamos recobrar una Iglesia y una vida religiosa más humilde, más pobre, más profética, más fraterna, más apostólica, más presente en las diversas periferias de nuestra sociedad.  

CONFERRE

En estos 50 años, ¿qué le diría a CONFERRE? 

CONFERRE, tiene una vocación de comunión. Es una institución para crear lazos con las diversas instituciones de la vida religiosa, comunidades, diversos carismas que hay en la vida religiosa. Hay una vocación de comunión que CONFERRE en todos los tiempos tendrá que tener presente. No ser una institución de escritorio, sino que crea lazos de fraternidad, de comunión, de conocer los diversos carismas en la Iglesia. Y lo segundo, es impulsar esa relación con la Iglesia local. Esto sigue siendo una prioridad importante, que los religiosos no se encierren en sus obras, en sus tareas, sino que estén abiertos al servicio de la Iglesia local.

Otra dimensión de CONFERRE, es seguir insistiendo en la formación, la reflexión teológica, la formación de los jóvenes, la formación permanente de los religiosos que han vivido años de vida religiosa. Son desafíos permanentes que deben seguir.

Debemos encontrar los caminos, medios, para responder el llamado del Papa para ir a nuevas fronteras. Los religiosos están para eso, con espíritu misionero y disponibilidad para ir fuera. No solo más allá de las fronteras geográficas, sino que ir a esas realidades distintas difíciles donde está ausente la Iglesia.


Fuente: www.conferre.cl